Komunita

La Post-verdad y el eclipse de los hechos en la deliberación pública

Komunita La post-verdad

La Post-verdad y el eclipse de los hechos en la deliberación pública Por:Marco Paredes 2 de marzo de 2026 En el escenario político actual, el concepto de post-verdad ha dejado de ser una categoría emergente para convertirse en la atmósfera que condiciona el discurso global. Definida como la circunstancia en la que los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales, la post-verdad representa una ruptura fundamental con el ideal de la esfera pública ilustrada. El auge de la post-verdad no puede entenderse sin la crisis de los mediadores tradicionales. En el modelo clásico de Harold Lasswell, la comunicación fluía a través de canales institucionalizados que ejercían un rol de validación. Hoy, la desintermediación digital permite que el mensaje circule sin filtros de veracidad. En este entorno, la validez de una información no se mide por su correspondencia con la realidad, sino por su capacidad para resonar con la identidad del receptor.Esta dinámica se intensifica mediante las cámaras de eco, analizadas profundamente por Cass Sunstein. Al verse rodeado únicamente de voces que confirman sus prejuicios, el individuo experimenta una validación constante que inmuniza sus creencias frente a cualquier evidencia empírica. La post-verdad no es necesariamente una mentira; es un ecosistema donde la verdad ha dejado de ser el valor supremo de la comunicación política. Desde una perspectiva política, la post-verdad opera mediante la movilización de afectos. Mientras que la propaganda tradicional de figuras como Goebbels buscaba imponer una narrativa única desde el Estado, la post-verdad contemporánea se nutre de la fragmentación. Se apela a la indignación y al sentido de pertenencia para anular el juicio crítico.Cuando el sujeto político percibe que su identidad está bajo amenaza, los datos se vuelven irrelevantes. Se produce lo que los teóricos denominan razonamiento motivado, donde el ciudadano procesa la información de manera sesgada para proteger su visión del mundo, convirtiendo la política en un ejercicio de reafirmación emocional en lugar de un debate sobre la gestión de lo real. La recuperación de la soberanía narrativa frente a la post-verdad exige un compromiso activo con la alfabetización mediática. No se trata solo de verificar datos (fact-checking), sino de comprender las estructuras narrativas que predeterminan nuestras reacciones. Como señala Sunstein en sus advertencias sobre el Daily Me, la salud democrática depende de la capacidad de la ciudadanía para exponerse a la complejidad y a la contradicción.Ser un sujeto político en la era de la post-verdad implica el deber ético de distinguir entre la opinión legítima y la distorsión deliberada de los hechos. La democracia requiere un terreno común de realidad compartida; sin él, el diálogo se vuelve imposible y la política se reduce a una colisión de ficciones enfrentadas. Entrada anterior Ir a Blog Komunita

En busca de la verdad

Komunita - en busca de la verdad el discurso del método

En busca de la verdad Por:Marco Paredes 21 de febrero de 2026 La búsqueda de la verdad ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Filósofos, científicos y ciudadanos han intentado responder a una pregunta fundamental: ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso en un mundo lleno de incertidumbres? René Descartes, en su célebre Discurso del método, propuso que la razón debía ser nuestra guía, estableciendo reglas claras para no aceptar nada como cierto sin evidencia. Siglos después, Mario Bunge insistió en que la verdad debía entenderse como un proceso sistémico, donde los fenómenos se explican en relación con otros, dentro de un entramado de causas y efectos. Hoy, la búsqueda de la verdad enfrenta nuevos desafíos. La sobreabundancia de información, la velocidad de las redes sociales y la proliferación de noticias falsas ponen a prueba nuestra capacidad crítica. Ya no basta con tener acceso a datos, necesitamos herramientas para interpretarlos, comunicarlos y compartirlos de manera responsable. La verdad se convierte en un bien común que requiere participación activa de la ciudadanía. Buscar la verdad no significa encontrar una respuesta única y definitiva. Significa reconocer la complejidad de los sistemas sociales, económicos y culturales en los que vivimos. Significa aceptar que existen múltiples perspectivas y que la verdad se construye en diálogo, contrastando evidencias y escuchando voces diversas. En este sentido, la comunicación juega un papel central, sin ella, el conocimiento queda aislado; con ella, se convierte en puente hacia la comprensión colectiva. No se trata solo de acumular datos, sino de darles sentido, de mostrar cómo se relacionan y qué impacto tienen en nuestras vidas. La verdad, entonces, no es un objeto distante, sino una práctica cotidiana que se fortalece con la participación ciudadana. En un mundo donde la desinformación amenaza la confianza social, buscar la verdad es también un acto de resistencia. Es afirmar que la transparencia, la reflexión crítica y la comunicación responsable son pilares de una democracia viva. Es reconocer que la verdad no pertenece a unos pocos, sino que se construye colectivamente. Y es, sobre todo, un compromiso ético, no renunciar a la claridad, incluso cuando el camino sea difícil. La verdad no es un destino, sino un viaje. Un viaje que exige razón, diálogo y creatividad. Un viaje que nos invita a mirar más allá de lo inmediato y a construir juntos un horizonte de confianza y participación. Porque en la búsqueda de la verdad, lo que realmente encontramos es la posibilidad de transformar nuestra manera de vivir en sociedad. Entrada anterior Ir a Blog Komunita

El ultracrepidarianismo en redes sociales

imagen ultracrepidarianismo

El ultracrepidarianismo en redes sociales Por:Marco Paredes 18 de febrero de 2026 El término ultracrepidarianismo proviene de una antigua anécdota atribuida al pintor griego Apeles, quien recibió la crítica de un zapatero sobre un detalle de sus cuadros. Cuando el zapatero quiso opinar más allá de su oficio, Apeles le respondió: “Ne supra crepidam sutor iudicaret” (“Que el zapatero no opine más allá de la sandalia”). Desde entonces, el concepto se usa para describir la tendencia de hablar o emitir juicios sobre temas de los que no se tiene conocimiento suficiente. Este fenómeno ha encontrado un terreno fértil en las redes sociales. Plataformas como Facebook o TikTok permiten que cualquier persona comparta opiniones sobre política, ciencia, salud o economía, sin importar su nivel de formación en esos campos. La inmediatez y la viralidad amplifican mensajes que, aunque carentes de rigor, pueden alcanzar a miles de usuarios en cuestión de minutos. Una de las consecuencias del ultracrepidarianismo en redes sociales es la propagación de desinformación. Cuando personas opinan sobre temas complejos sin fundamentos, generan confusión y contribuyen a la circulación de datos erróneos. Esto se vuelve peligroso en temas de salud pública, procesos electorales, crisis económica o ambientales, donde la información precisa es vital. Otra consecuencia es la polarización. Opiniones superficiales o mal informadas pueden alimentar debates cargados de emociones, pero vacíos de argumentos sólidos. En lugar de fomentar el diálogo constructivo, se generan enfrentamientos que dividen a la sociedad y debilitan la confianza en las instituciones. Por otro lado, el ultracrepidarianismo no debe entenderse solo como un problema individual, también refleja la falta de educación crítica y de alfabetización mediática en nuestras comunidades. Por eso es necesario apuntar a una ciudadanía crítica, lo que implica aprender a distinguir entre opinión y conocimiento, y a valorar la evidencia antes de compartir información. Combatir este fenómeno requiere promover la responsabilidad comunicacional. Antes de opinar o difundir un mensaje, es necesario preguntarse: ¿tengo información suficiente?, ¿la fuente es confiable?, ¿mi aporte ayuda a comprender mejor el tema? Estas prácticas fortalecen la calidad del debate público y reducen el impacto de la desinformación. Reconocer los límites de nuestro conocimiento no significa callar, sino aprender a escuchar, investigar y dialogar con respeto. Así las redes sociales pueden convertirse en espacios de intercambio enriquecedor y no en escenarios de confusión y división. Entrada anterior Ir a Blog Komunita

Misinformation: comprendiendo la desinformación no intencional

imagen misinformation

Misinformation: comprendiendo la desinformación no intencional Por:Marco Paredes 5 de febrero de 2026 La palabra misinformation se traduce como desinformación, pero con un matiz importante: se refiere a la difusión de información falsa o inexacta sin intención deliberada de engañar. Es decir, puede surgir de errores, malentendidos o interpretaciones equivocadas que luego se comparten como si fueran hechos. La misinformation se propaga con gran rapidez. Una publicación en redes sociales, un mensaje reenviado en aplicaciones de mensajería o un titular mal redactado pueden llegar a miles de personas en cuestión de minutos. Aunque no haya mala intención, el impacto puede ser significativo y afectar la percepción colectiva de la realidad. Uno de los principales peligros de la misinformation es que erosiona la confianza en la información pública. Cuando las personas reciben datos contradictorios o erróneos, se genera confusión y se debilita la credibilidad de las fuentes legítimas. Esto abre espacio para la manipulación y dificulta la construcción de consensos sociales. La misinformation también afecta la toma de decisiones ciudadanas. Si la gente actúa basándose en información incorrecta —por ejemplo, sobre salud, educación o procesos democráticos— las consecuencias pueden ser graves. Incluso sin intención de dañar, la desinformación puede poner en riesgo derechos fundamentales y la seguridad de las comunidades. Es importante distinguir misinformation de disinformation. Mientras la primera es información falsa difundida sin intención de engañar, la segunda implica una estrategia deliberada para manipular y controlar narrativas. Sin embargo, ambas tienen efectos similares: confunden, polarizan y debilitan la capacidad crítica de la ciudadanía. En Bolivia, combatir la misinformation requiere promover el pensamiento crítico y la verificación de fuentes. Capacitar o educar a la población sobre cómo identificar información confiable, fomentar el acceso a datos oficiales y sensibilizar sobre los riesgos de compartir sin verificar son pasos esenciales para reducir su impacto. Es necesario comprender mejor el fenómeno para diseñar estrategias más efectivas. Estar consciente de la responsabilidad de cada persona al comunicar y compartir información ayuda a fortalecer la democracia y la cohesión social. Entrada anteriorEntrada siguiente Ir a Blog Komunita

Lo peligroso de la desinformación

Portada desinformación

Lo peligroso de la desinformación Por:Marco Paredes 3 de febrero de 2026 La desinformación se ha convertido en uno de los mayores desafíos de nuestra época. En un mundo hiperconectado, donde la información circula a gran velocidad, los mensajes falsos o manipulados pueden expandirse con facilidad y llegar a miles de personas en cuestión de minutos. Este fenómeno no solo afecta la calidad del debate público, sino que también debilita la confianza en las instituciones y en los medios de comunicación. Uno de los principales peligros de la desinformación es su capacidad de influir en la opinión ciudadana. Noticias falsas o tergiversadas pueden moldear percepciones, generar miedo o rechazo hacia determinados grupos y condicionar decisiones políticas. Cuando la ciudadanía toma decisiones basadas en información incorrecta, la democracia se ve directamente afectada. La desinformación también tiene un impacto social profundo. Al difundir rumores o teorías conspirativas, se fomenta la polarización y se fragmenta el tejido social. En lugar de promover el diálogo y la cooperación, se generan enfrentamientos y divisiones que dificultan la construcción de consensos. Esto debilita la cohesión comunitaria y erosiona la confianza entre las personas. En el ámbito de la salud y la seguridad, la desinformación puede tener consecuencias graves como la propagación de información falsa sobre vacunas, pandemias o desastres naturales que ponen en riesgo la vida de miles de personas. Creer en datos erróneos puede llevar a decisiones peligrosas que afectan tanto a individuos como a comunidades enteras. Otro peligro es la manipulación intencional. Grupos con intereses políticos, económicos o ideológicos utilizan la desinformación como herramienta para controlar narrativas y obtener ventajas. Esta práctica convierte la información en un arma, distorsionando la realidad y debilitando la capacidad crítica de la ciudadanía. Frente a estos riesgos, promover una ciudadanía informada y crítica, educar sobre pensamiento crítico, fomentar el acceso a fuentes confiables y desarrollar campañas comunicacionales que sensibilicen sobre los efectos de la desinformación son pasos esenciales para proteger la democracia y fortalecer la sociedad. Combatir la desinformación debe ser un compromiso colectivo que requiere participación activa y responsabilidad compartida. Entrada anteriorEntrada siguiente Ir a Blog Komunita